La medida local del tiempo en Alustante (y II). El reloj

El sentido de la temporalidad en el pasado era mucho más laxo que ahora, y no importaba tanto como en la actualidad la exactitud de la hora. De hecho, aunque muchas ciudades, e incluso aldeas, llegaron a tener mecanismos de reloj desde la Edad Media, cada uno marcaba su hora local. Y no hablamos solo de desfases de unos pocos segundos.

Torre del reloj. Molina de Aragón.

Cabe destacar también que los primeros relojes que se documentan en esta zona geográfica a principios del siglo XV (1) eran manuales y que, para su mayor precisión, los toques eran controlados por cronómetros de arena, por lo que era necesario el contrato de operarios municipales o eclesiásticos encargados tanto de controlar el tiempo de estos primitivos relojes como de tocar las horas con la campana tirando de sogas. En 1467 se comienzan a documentar en Daroca relojes mecánicos, aunque de gran imprecisión (Rodrigo, 1996: 107); en Teruel el reloj mecánico municipal se instala en la  torre de San Pedro en 1484 (Morales y Torreblanca, 1989: 453).

Antiguo reloj de Aragoncillo (Foto realizada en 2004)

Para el caso de la Castilla meridional, exceptuando Toledo, que había tenido reloj (manual) en la catedral ya en el siglo XIII, regido posiblemente por una clepsidra o reloj de agua (2), los relojes parecen ser algo más tardíos. En Guadalajara se sabe que a mediados del siglo XV las horas se marcaban manualmente en la desaparecida torre de San Gil, y más tarde en ella se localizó el reloj mecánico (Mejía et al, 2007: 270), para pasar posteriormente  a trasladarlo a la casa del Concejo, construida en la antigua plaza de Santo Domingo, hoy plaza Mayor (Layna, 1995: 256).

En Sigüenza, cabeza del obispado, consta que ya había reloj mecánico en la catedral en 1520 (Pérez-Villamil, 1899: 157), mientras que Molina en la torre del Reloj  se localiza una campana gótica que podría indicar la antigüedad de su función. En Tortuera ya en 1676 existía un reloj en la torre de la iglesia (Marco, 2004, 204). Muchos de los pueblos del Señorío fueron adquiriendo relojes mecánicos en siglos posteriores pues, aunque sus mecanismos revelan la que debió de ser su escasa precisión, fueron instrumentos no solo destinados a la medida del tiempo sino también a mostrar un cierto prestigio y orgullo comunal.

Antiguo reloj de Castellar (Foto realizada en 2009)

En Alustante se tiene documentado un reloj en la torre de la iglesia al menos desde 1773 (3); por supuesto, sin esfera ni manecillas exteriores. Se emplazaba en una planta de forjado de madera ubicada entre el suelo de la torre y el techo del coro y, al parecer, combinaba mecanismos metálicos y de madera, según la tradición. También se sabe que, aunque localizado en la torre de la iglesia, pertenecía al concejo del lugar. En 1803 se documenta la compra de un campanillo para el relox que todavía permanece en la torre, al parecer obra del campanero (fundidor) Felipe Ballenilla (4).

Este reloj se mantuvo en la torre hasta la construcción de la torre del reloj en la fachada de la Casa del Lugar en 1925. No sería difícil seguir la cronología de las intervenciones que tuvo este reloj en la documentación municipal conservada. Así, por ejemplo, en 1782 se pagan 12 reales al maestro Joseph García “por el azeite para untar las campanas y el relox” y 60 reales a Matías Herrera, “reloxero, de la conposición de relox que a echo” (5).

En 1925, durante el primer trimestre del año, todavía se pagan 25 pesetas  al herrero Eusebio Casas “por regir el reloj”  (6). Sin embargo, el Ayuntamiento acuerda  en julio de ese año cortar «600 pinos del monte ‘Realenco’ y llevar a efecto la subasta con remate en la cantidad de 4.015 pesetas para dotar a la población de un reloj bueno, pues el actual es inservible» (7). Por otra parte, en la sesión de 1 de noviembre de 1925 el alcalde, D. Baltasar Pérez Sánchez, expone:

“que era preciso practicar una trasferencia de crédito para terminar y pagar la obra de refuerzo de la Casa Consistorial (…) para afianzar la pared del medio día de la Casa Consistorial que al mismo tiempo sirve para la colocación del reloj, y faltando todavía para el pago total de la obra 802 pesetas la Corporación acordó practicar en su vista la expresada transferencia de crédito destinando de esta cantidad 500 pesetas” (8).

Aspecto de la torre del reloj en la década de 1950

Fue un reloj fabricado (o comercializado) por D. Gonzalo Tena, de Segorbe, al que se le pagan 3.320 pesetas “por un reloj nuevo y sus accesorios adquirido para instalación en las Casas Consistoriales”. No obstante, la campana de hierro fundido pertenece a la factoría de Vitoria, Lecea y Murua. Asimismo, se pagan 695 pesetas a José María Martínez por materiales y obra de instalación del reloj, a Pelegrín Herranz “por sacos de cemento y otros materiales invertidos en el muro o torre construida en las Casas Consistoriales”  (450 Ptas); a D. Aurelio Casinos, de Santa Eulalia, por piedra (20 Ptas.); y al albañil Luis Lahoz por terminar la colocación del reloj y retirar los andamios(12 Ptas) (9). Consta que también participó en el montaje del reloj el polifacético carpintero Pedro Herranz Ruiz a quien, sin duda, se debe el bastidor de madera con unas iniciales en letra neogótica: B. P. (Baltasar Pérez).

Reloj de Alustante, actualmente en el salón de plenos del Ayuntamiento.

Según nos informaba Juliana Sanz  Sánchez (1913-2011) la llegada del nuevo reloj no fue muy bien recibida por el pueblo, expresándose  opiniones como: «Antes teníamos un reloj de pueblo, el de ahora es un reloj de barrio» y al alcalde Baltasar se le decía: «Balterre, el reloj va mal». Lo cierto es que el reloj tuvo algunos defectos mecánicos que se mantuvieron hasta su sustitución en 2005, esta vez conservando su maquinaria íntegramente.

Detalle de un lateral del reloj.

Actualmente cualquier dispositivo electrónico cotidiano posee un reloj cuya perfección sincrónica con el resto de dispositivos del resto del planeta puede tener a lo sumo, si es que los tiene, pequeños desfases contados en milésimas de segundo. Sin embargo, escuchar la campana del reloj del pueblo o la campana de la iglesia llamando a misa, nos debe hacer recordar que hasta hace relativamente poco el ser humano se regía por unidades temporales tan relativas y flexibles que los relojes públicos eran más un objeto de ornato y ostentación que un artefacto para controlar el tiempo. Hoy, debido a la precisión horaria, el caso ha llegado al punto contrario: el tiempo controla al ser humano hasta casi convertirlo en un objeto, una maquinaria de producción.

Notas:

(1) El primer reloj documentado en Teruel data de 1425, y parece ser un reloj de arena que indica las horas; un reloxero estaba encargado de ‘ministrar, regir e toquar  de día e de noche el dito reloig’ (Morales y Torreblanca, 1989: 423).

(2) En 1255 se inventaría en la catedral de Toledo ‘un orlogio desbaratado’, si bien no se documenta de nuevo un posible reloj en esta catedral, esta vez mecánico, hasta 1357, 1366 o 1371 (Pérez Álvarez, 2018: 51-52), lo que no quiere decir que no existieran otras formas de medir el tiempo para, a su vez, tañer horas manualmente.

(3) A raíz de unas obras en la torre de la iglesia de Alustante se lee en los gastos de 1772-1773: “Más doscientos treinta y siete reales y medio que importaron los ladrillos, yeso y madera que se gastaron en solar el piso del campanario, componer las escaleras y hechar (sic) un  balostreado sobre el relox y pagar al maestro y oficial sus jornales” (Archivo Parroquial de Alustante, 12.3, 34v.)

(4) Archivo Parroquial de Alustante, 12.3, 196v.

(5) Archivo Municipal de Alustante, Contabilidad, 1780-1783,30v.

(6) Archivo Municipal de Alustante, Diario de Intervención 1925-1926. 32.

(7) Archivo Municipal de Alustante, 8.4, 3v-4r.

(8) Archivo Municipal de Alustante, 8.4, 8r.

(9) Archivo Municipal de Alustante, Diario de Intervención 1925-1926, 33-34, 38.

Bibliografía:

Gómez Pellón, Eloy. “El tañido del tiempo” en Las campanas: Cultura de un sonido milenario. Santander: Fundación Marcelino Botín, 1997, pp. 41-65.

Layna Serrano, Francisco. Historia de Guadalajara y sus Mendozas en los siglos XV y XVI, tomo III. Guadalajara: Aache, 1995 (2ª Ed.).

Marco Martínez, Juan Antonio y Heredia Heredia, Francisco Javier. Tortuera. Una villa, una historia. Guadalajara: Aache, 2004.

Martín-Artajo G., Javier y Buey Pérez, Jacinto del. Relojes de sol de Guadalajara. Recorrido gnómico por la provincia. Guadalajara: Diputación provincial, 2004.

Mejía Asensio, Ángel, Rubio Fuentes, Manuel, Salgado Olmeda, Félix. Historia moderna de la provincia de Guadalajara : (siglos XVI-XVIII). Guadalajara: Bornova, 2007.

Morales Gómez, Juan José y Torreblanca Gaspar, Mª Jesús. “Tiempo y relojes en Teruel en el siglo XV” en Aragón en la Edad Media, nº 8 (1989), pp. 449-474.

Pérez Álvarez, Víctor. Técnica y fe: el reloj medieval de la catedral de Toledo. Madrid: Fundación Juanelo Turriano, 2018.

Pérez-Villamil, Manuel. La catedral de Sigüenza. Madrid: Tipografía Herres, 1899 (Ed. facsímil, Madrid: 1984).

Rodrigo Estevan, María Luz. “Relojes y campanas. El cómputo del tiempo en la Edad Media” en El Ruejo. Revista de Estudios Históricos y Sociales, 2 (1996), pp. 93-130.