El pan de pecho (I)

Hablábamos hace unas semanas del modo de producción feudal y cómo este llegó a los lugares más recónditos, como Alustante. En las épocas en las que predominó este régimen, el final del verano era, para los hombres y mujeres del pasado en las aldeas de Molina, un tiempo complicado, dado que tras la cosecha tocaba pagar un impuesto, uno más de los que se entregaban a las clases dominantes en estas fechas sobre el producto de las cosecha: era el llamado pan de pecho, martiniega o cuenta del agosto.

Molina. Antigua Cámara del Pan o Pósito Real (posterior Delegación Subalterna de Hacienda), donde se depositaban los tributos públicos del Señorío, dinerarios y en especie.

Pan de pecho, porque era pagado (pechado) en cereal (pan). Cuenta del agosto, porque era la cuenta pendiente del campesinado con el señor en esta época del año, quizá también en su acepción de ‘verano’ (1). Téngase en cuenta que el agosto  no se refería siempre al mes de dicho nombre, sino que se prolongaba a lo largo de toda la cosecha que, en algunos lugares, dependiendo de la altitud, duraba hasta septiembre, como era el caso de Alustante, donde se podían encontrar cultivos por encima de los 1.600 metros. Desde luego, estos cultivos no se quedaban exentos de impuestos. De hecho, más adelante en el tiempo, también aparece documentado este impuesto con el nombre de martiniega, alusivo a su cobro, ya no en agosto, sino en San Martín (11 de noviembre), momento en el que se suponía que estaba recogida la totalidad de los frutos, aunque no se cobrase necesariamente ese día (2).

La historia de este tributo es larga, ya que comienza en el siglo XIII y termina a principios del siglo XIX, y su importancia para Alustante y el resto de los pueblos del territorio histórico del Señorío de Molina es que fue un tributo pagadero por ellos, por los habitantes de las aldeas, los labradores, los campesinos, los pecheros, dado que tanto los hidalgos de las aldeas como los habitantes de la villa de Molina estaban exentos de este impuesto.

Se atribuye su imposición a la condesa doña Blanca (c. 1243-1293), no obstante, su padre, el conde Alfonso de Molina (+1272), ya se documenta cobrando la cuenta del agosto en 1262 (3). Desconocemos a cuánto ascendía en ese  tiempo el tributo, pero queda claro que se trataba ya de un impuesto agrario sobre la cosecha del campesinado molinés.

En las adiciones al fuero que hace la condesa se señala ya en qué consistía este tributo anual:

El señor de Molina aya por fuero cada anno en la quenta del agosto mill maravedís et cient cafices de trigo et cient cafizes de ceuada, et el juez coia este pan con el a(l)mud de fierro et delo al señor con el almud derecho del conceio (4).

Puede decirse que la creación del Común de las aldeas de Molina tuvo mucho que ver con la imposición del pan de pecho, dado que parece surgir de algún modo como sociedad de damnificados. El hecho de que en tiempos del conde Alfonso de Molina ya se hable de la Comunidad de aldeas de Molina podría estar indicando que el pan de pecho ya estaba instituido durante su señorío (5).

Parte del pan de pecho habría sido enajenado (=extraído del  patrimonio condal) a mediados del siglo XIII a favor del monasterio de Buenafuente.  Según un testimonio posterior, se sabe que esta concesión se debería a que doña Mafalda, mujer del conde Alfonso, estaba enterrada allí (Villar, 1987: 129).

Castillo de Castilnuevo, una de las posesiones de los condes de Priego, receptores parciales del pan de pecho.

Otra de las enajenaciones que se hizo del tributo llegó en 1293, poco antes de la muerte de doña Blanca, en este caso beneficiando al cabildo de caballeros de Molina. Se trató de una ella se concede a los miembros del cabildo de caballeros de Molina décima parte del impuesto, del mismo modo que se hacía en la Tierra de Cuenca (6).

Tras la muerte de la última condesa independiente, el pan de pecho –lo que quedaba de él- se mantiene en el poder de los reyes de Castilla. La sucesora del Señorío, María de Molina, vuelve a hacer una nueva partición del tributo; este resto va a parar al monasterio de Buenafuente, consistente en 25 cargas de trigo y 25 de centeno anuales sacados  de “las mis rentas e los míos derechos de Molina”  (Villar, 1987: 129). Acaso estas últimas cargas de centeno, fueran en realidad de cebada. A veces las élites no sabían ni lo que cobraban.

La última porción del tributo que se enajenó se hizo en 1376 por parte de Enrique II como señor de Molina a favor de Pedro González de Mendoza, ascendiente de los condes de Priego, y consistía en 50 cahíces de pan toledano de trigo y cebada, que en el siglo XVI eran 894 fanegas de estas especies (7). Es así como este impuesto sale completamente del ámbito jurisdiccional de los señores de Molina, aunque en todo caso hay que recordar que para los campesinos la situación no cambió en absoluto, pues tuvieron que seguir pagando esos 100 cahíces de trigo y 100 de cebada, además de los 1.000 maravedís, independientemente de cuál fuera la medida del pan y el valor del dinero (que fue cambiando con el tiempo) y de quién fuera su receptor (8).

Almud o media fanega herrada con el sello del concejo de Molina, la rueda de molino. Fotografía gentileza Agustín Ruiz.

Este tributo, como la mayoría de los que se cobraban durante la Edad Media y el Antiguo Régimen, se recaudaba por el sistema de encabezamiento, es decir,  sobre las poblaciones. Así, en virtud del vecindario, y acaso de otros factores como la extensión de las áreas de labor e incluso de la productividad de las mismas, el impuesto era repartido para cada aldea por parte del Común de la Tierra, y los encargados de cobrarlo eran sus cuatro diputados, uno por cada sesma del Señorío: Campo, Sierra, Sabinar y Pedregal. Alustante se encontraba localizado en la sesma de la Sierra, al sur del Señorío.

Lo que suponía económicamente para los vecinos de los pueblos este tributo, especialmente en la Edad Media, se refleja en algunas situaciones de despoblación que se dieron en el Señorío. Así, en 1398 se señala que el territorio se encontraba muy mermado de vecindario“porque están en la frontera de Aragón e por la gran caueza de pecho que tienen los de las aldeas del término de Molina(9).

Ciertamente, con el tiempo, este tributo fue devaluándose y haciéndose más llevadero por parte de los aldeanos de Molina, pero no cabe duda de que al sumarse a otros impuestos directos sobre las cosechas (diezmos, y primicias eclesiásticos) o derivados de las mismas al fin y al cabo (alcabalas, cientos, millones, ,etc.),  los vecinos de los pueblos se veían sometidos a una presión fiscal que, en determinados años de medianas y malas cosechas, debían conllevar situaciones nada fáciles en no pocas casas de esta tierra.

(Continuará…)

Notas:

(1)          El agosto puede entenderse como el periodo actual de verano, aunque ocupaba un tiempo poco preciso. Del mismo modo que agostadero era el área de pastos aprovechada desde mayo-junio hasta octubre-noviembre, el agosto podría considerarse el periodo del año durante el cual se prolongaba el pasto de dichas hierbas y se llevaban a cabo otras labores agrarias propias del estío.

(2) En ocasiones se habla incluso, en otros casos, de «la martiniega de San Miguel» (Archivo Histórico de la Nobleza, Priego, CP. 373,D.4).

(3)          Biblioteca Nacional de España (BNE). Ms. 1557. Sánchez Portocarrero, Diego. Historia de los señores de Molina. Tomo II. 114v-115r.

(4)          Archivo Municipal de Molina de Aragón (AMMA). Fuero de Molina, 24r.

(5)          Archivo de la Corona de Aragón, Reg. 15, 33v.

(6)          AMMA. Fuero de Molina, 25v.

(7)         Archivo Histórico de la Nobleza, Priego, C 8, D 4,

(8)          En el año 1500, se señala que el pan de pecho ascendía a 1.449 fanegas de pan “de la medida vieja” y a 61.000 maravedís “en dinero, poco más o menos” (Archivo General de Simancas (RGS),LEG,1500-03,167)

Bibliografía:

DIAGO HERNANDO, Máximo. «Relaciones de poder y conflictos en Molina y su Tierra durante el reinado de los Reyes Católicos» en Wad-Al-Hayara. nº 20 (1993), pp. 127-164.

ESTEPA DÍEZ, Carlos. “Frontera, nobleza y señoríos en Castilla: el Señorío de Molina (siglos XII-XIII)”  en Studia Historica (Hª Med.), nº 24 (2006), pp. 15-86.

VILLAR ROMERO, Mª del Carmen. Defensa y repoblación de la línea del Tajo en un lugar determinado de la provincia de Guadalajara: Monasterio de Santa María de Buenafuente. Zaragoza: Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1987.

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