El pan de pecho (II)

La semana pasada  hablamos sobre el tributo del pan de pecho, una carga fiscal que tenían que satisfacer los vecinos de las aldeas de Molina a los condes de este territorio. No obstante, este impuesto fue repartiéndose (enajenándose) hasta terminar en manos del monasterio cisterciense de Buenafuente, el cabildo de caballeros de Molina y el conde de Priego.  También se habló de que el cupo que correspondía pagar al Común de las aldeas se distribuía entre ellas, consignándose distintas cantidades de cereal (trigo y cebada) y dinero (maravedís) a cada pueblo hasta satisfacer el total anual a pagar.

Dado que este era el sistema de cobro de aquel tributo, la salida de un pueblo de la jurisdicción del condado o su despoblación implicaba incrementar el cupo al resto de los pueblos, por lo que se trató por todos los medios de que esto no ocurriera. Fue el caso de Cobeta, Olmeda y Villar de Cobeta (Villar, 1987: 111) y también Establés y Anchuela del Campo, en el extremo occidental del Señorío (1). Fue el caso de Motos, asimismo, durante los episodios de violencia feudal del caballero de Motos a finales del siglo XV, momento en el que se corrió un grave riesgo de que el lugar quedase adscrito a un señor particular.

En otra ocasión trataremos más detenidamente sobre este periodo, que se prolongó aproximadamente entre 1453 y 1479 y que supuso la apropiación de Motos por parte de un noble que la cronística tradicional ha llamado Beltrán de Oreja o Álvaro de Hita (Layna, [1994] 1933: 475). Sea como fuere, tras la muerte del caballero en 1477, su hijo, Pedro de Motos, es considerado dueño de dicho lugar incluso, durante un tiempo, por la propia documentación oficial (2). Esta posible salida de Motos del realengo molinés, y con ello la suspensión del pago del pan de pecho por parte de este pueblo, inquietó al Común de las aldeas de Molina, corporación que se dirige en 1478 a la realeza diciendo:

“que de dies años a esta parte ellos [los pueblos del Común de la Tierra] han pagado e pagan todos los pedidos e monedas e alcaualas e martiniegas e otros pechos reales a nos pertenesçietes, y han valido a pagar al [= por el] logar de Motos, qués de la jurydiçión de la dicha villa, que moran más de çient mill maravedís, porque dys que los vesinos del dicho logar non querién pagar nin contribuyr a ellos nin los demás pechos, porque el dicho vuestro padre, e vos después de su fyn, tomastes e avedes tomado e entrado e tomado e ocupado el dicho logar, e los avedes defendido e defendedes que non paguen los dichos pechos ynjusta e yndeuidamente, disiendo que es vuestro el dicho logar e que a vos pertenesçen los dichos pechos, suplicándonos y sobre ello les mandásemos proueer merced y mandar que dexásedes e desocupásedes el dicho logar, pues dis que non es vuestro, saluo de la jurydiçión de la dicha villa, ni tomásedes los pechos del dicho logar, e a los vesinos dél, vos diesen e pagasen libremente los dichos çient mill maravedís e más el pan de la martiniega, que dis que deuen de los dichos dies años a esta parte con los otros dichos pechos, pues ansý dis que pagaron por ellos” (3).

Torre de la iglesia de Motos. Posterior a los episodios de señorialización narrados, y claramente construida en un espacio inferior al cerro del Castillo, e incluso bajo el nivel de algunas calles del pueblo, a fin e evitar nuevas situaciones de violencia feudal, como las causadas desde la antigua torre, emplazada sobre el cerro.

Ruego disculpas por la extensión de la cita, pero me ha parecido interesante transcribir este texto para ilustrar qué ocurría cuando un pueblo caía en manos particulares. Como puede verse, existe una mora o deuda de cien mil maravedís por parte de Motos al Común de las aldeas o de la Tierra. La razón es que durante diez años este lugar habría dejado de contribuir con el resto de los pueblos del Señorío y estos se habrían visto obligados a cubrir la parte no tributada por Motos. No obstante, el concejo del lugar sí estaba pagando los tributos, si bien no a los receptores legítimos, sino al caballero de Motos y a su hijo, Pedro de Motos, que habían usurpado una aldea perteneciente al realengo molinés, de ahí su negativa a duplicar el pago: ellos ya habían contribuido. La crudeza de las normas de la época hace que la deuda no se exija a Pedro de Motos, posiblemente por su condición de noble, sino a la población pechera.

En otros casos, donde la apropiación de un lugar por un noble, eclesiástico y orden militar sí fue aceptada por la realeza (señorialización), la pérdida para el Común fue definitiva, con la consiguiente redistribución de la cantidad a tributar entre los pueblos que se habían mantenido en el realengo. Fue el caso de La Yunta, Castilnuevo, Cuevas Minadas, Cobeta, El Villar, La Olmeda, etc.

Por lo que respecta a los despoblados, durante la baja Edad Media se había producido una despoblación considerable del territorio con numerosas aldeas abandonadas, debido a las guerras, las pandemias de peste, la misma presión fiscal o, simplemente, por causa de una tendencia demográfica a vivir en lugares mayores. Así, en la segunda mitad del siglo XIV se expresa por parte de Pedro IV de Aragón que

“por occasión de las guerras crueles que son seydas entre nos e el rey de Castiella, como por otras tribulaciones, las aldeas de Molina son en tanto despobladas que, segunt se dize, no habiten en aquellas quasi trenta personas que sean peyteras”  (Cit. Benítez, 1993: 71)

 Así, acaba despoblándose una serie de aldeas por cuya posesión luchará el Común de la Tierra, y acaba logrando de la mano de los Reyes Católicos: fue el caso de El Pedregal, Mortos o Mortus, Gañabisque, Villarejo Seco, Galdones, Monchel, Chilluentes, Vadillos, etc. La audacia del Común para lograr que estos despoblados se convirtieran en bienes de propios de esta institución, es quizá uno de los grandes hitos de su compleja historia.  Con dichos despoblados, arrendados con sus términos y dehesas, serán a lo largo de la Edad Moderna una importante fuente de ingresos para los pueblos del Señorío, los cuales sirvieron para rebajar el cupo a repartir entre los pueblos, y con ello reducir la presión fiscal (Diago, 1991: 496 y ss).

Una última cuestión a reseñar por esta semana es que, como se comentaba la semana pasada, los vecinos de Molina, el clero y los hidalgos de los pueblos estaban exentos de este tributo. Así ocurrió con las pocas casas hidalgas que había en Alustante, concretamente los Rosillo y los Lara.

De este modo, en las pruebas de limpieza de sangre de Juan Rosillo de Lara, natural del lugar y abogado de los Reales Consejos en Madrid, llevada a cabo en 1713 a fin de demostrar la condición de noble de este para adquirir el hábito de la orden de Santiago, se señala que todos sus antepasados habían “gozado entre el estado noble de la esempción de pagar y con otros gozes que an tenido en este Señorío de Molina y su Tierra” (5).

La nobleza, en España y resto de Europa, basaba su prestigio y, en no pocos casos su poder económico, en la exención parcial o total de impuestos. Entretanto, el pueblo llano estaba sometido a numerosas cargas fiscales que imposibilitaban su prosperidad.

Asimismo,  en los padroncillos del siglo XVII que se conservaban en aquel momento en el archivo concejil de Alustante referidos al pago del pan de pecho y otros impuestos por parte de los vecinos de Alustante, se podía leer: “Joseph Rosillo, hidalgo, nada. (…) Juan de Lara, hidalgo, nada. (…) Francisco Rosillo, hidalgo, nada.” (6).

Notas:

  1. Archivo General de Simancas (AGS). RGS,LEG,148802,27
  2. AGS. RGS,LEG,147710,61
  3. AGS. RGS, Leg. 147801,224
  4. Archivo Histórico Nacional (AHN). OM-CABALLEROS_SANTIAGO,Exp.7248
  5. Archivo Histórico Nacional. OM-CABALLEROS_SANTIAGO,Exp.7248
  6. Ídem.

Bibliografía:

BENÍTEZ MARTÍN, Lidia. (Ed.). Documentos para la historia de Molina en la Corona de Aragón. (1369-1375), Fuentes históricas aragonesas 20. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1992.

DIAGO HERNANDO, Máximo. “Los términos despoblados en las comunidades de Villa y Tierra del Sistema Ibérico castellano a finales de la Edad Media” en Hispania. nº 178, vol. 51 (1991), pp. 467-515.

LAYNA SERRANO, Francisco. Castillos de Guadalajara: Aache: Guadalajara, 1994 (1ª Ed. 1933).

VILLAR ROMERO, Mª del Carmen. Defensa y repoblación de la línea del Tajo en un lugar determinado de la provincia de Guadalajara: Monasterio de Santa María de Buenafuente. Zaragoza: Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1987.

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