El pan de pecho (y III)

Concluimos con esta entrada la microhistoria del tributo del pan de pecho. Llegamos hoy a las postrimerías del Antiguo Régimen, cuando este impuesto comienza a ser contestado por parte de los tributarios: los vecinos de los pueblos del Señorío de Molina.

En 1752 podemos observar a través del Catastro de Ensenada que el pan de pecho ha quedado reducido considerablemente en cuanto a su pago por parte de los pueblos, tanto por la rebaja que supuso la compensación del producto de los despoblados, como por la devaluación del tributo en sí a lo largo de los siglos, pues, si bien es cierto que la cantidad de trigo y cebada a pagar se mantiene intacta, los maravedís (moneda en que se pagaba) habían perdido su valor desde el siglo XIII hasta haberse convertido en una moneda, si no insignificante, sí de no demasiado valor. Tan es así, que el dinero en metálico parece ser que ha dejado de cobrarse, y ya solo se paga en especie o el equivalente de ella.

Imagen de Akerraren Adarrak en Pixabay 

Sea como fuere, se observa que Alustante fue el pueblo que mayor carga conservó en cuanto a este tributo entre los del Señorío de Molina con 113 medias de cereal en ese año (1). Este fue el cupo que le correspondió en virtud de un arreglo u operación que se llevó a cabo en Rillo bajo la presidencia del corregidor de Molina en 1751, D. Manuel de Prado (2). Desconozco la razón por la que Alustante pagaba más en este impuesto, pues hay que tener en cuenta que el siguiente que más pagaba era Alcoroches, con 87 medias y 13 cuartillos (3), seguido de Peralejos (80 medias, 19 cuartillos) (4) y Torrubia (79 medias, 2 celemines) (5)

Los criterios para la distribución del tributo entre los pueblos pudieron haber sido demográficos y en función de la cantidad y calidad de tierra laborable. Por lo que respecta a la población, Alustante contaba entonces con unos 809 habitantes (209 vecinos) (6), el segundo pueblo más habitado del Señorío tras Checa (217 vecinos, aproximadamente 839 habitantes) (7).

Por lo que respecta a las áreas de labor contenidas en el término, Alustante se presenta en esta época, sorprendentemente, como uno de los pueblos con mayor extensión de labrantíos, con  8.200 medias, que equivaldrían a unas  1.375 Has. Así, El Pobo contaba con 10.310 medias de labor en su término, Tortuera con 8.905 medias y Setiles con 8.552 medias. Por detrás de Alustante, Tartanedo contaba con 7.815 medias de labor y Campillo de las Dueñas 6.500 medias, siempre según el Catastro de Ensenada.

Según esta comparativa, se observa la coincidencia en Alustante de una considerable población, una razonable área de labores y una mayor tributación con respecto a otros pueblos vecinos. (Índice 100 población: Checa; índice 100 labores: Tortuera; índice 100 pan de pecho: Alustante).
Fte.: Elaboración propia a partir del Catastro de Ensenada.

Ciertamente, no era el impuesto más gravoso al que hacían frente los pueblos del Señorío, sin embargo, lo que parece claro es que este tributo seguía contando en la mentalidad de aquellos hombres y mujeres, ya no por su valor intrínseco, sino por su valor simbólico, como un tributo humillante en tanto que era pagado por un conjunto de pueblos realengos a un grupo de particulares, nobles y eclesiásticos. Anticuado, puesto que nadie recordaba ya la razón concreta para seguir haciendo frente a unas dádivas sin sentido.

De esto da cuenta el discurso del diputado por Molina en las Cortes de Cádiz, López Pelegrín. De este modo, quien había sido previamente procurador general del Común de la Tierra de Molina señala en una de las sesiones constituyentes que

“en el Señorío de Molina se paga una contribución considerable en granos al conde Priego y a las monjas de Buenafuente que se denomina pan de pecho, y lo singular es que lo satisfacen los que se dicen del estado llano, y no los nobles e hidalgos (…) y los infelices labradores del Señorío continúan pagando la recompensa de lo que no perciben, en prueba de los abusos que deben remediar las Cortes” (8).

Con todo, el pan de pecho se estuvo pagando durante varias décadas después de esta denuncia. Por lo que respecta a la cantidad que recibía el cabildo de caballeros de Molina, existen noticias contradictorias que hablarían de que los pueblos habrían dejado de tributar a esta corporación nobiliaria ya en el siglo XVIII por extinción de la misma, aunque en 1763 se vuelve a reclamar al Común de la Tierra que vuelva a entregar a este cabildo 168 reales y cuatro maravedíes en concepto de pan de pecho (Abánades, 2008: II, 228). Con todo, López Pelegrín en su discurso en Cortes de junio de 1811 ya no nombra a la nobleza de Molina como receptora de parte del pan de pecho. Aunque con la posibilidad de que se reinstaurase de nuevo eventualmente años después, en 1813 se declara abolido este tributo para dicho cabildo (9), aunque en 1840 se señala que lo correspondiente al cabildo de caballeros, tras su extinción, abría sido asignado a la dotación del corregidor (López, 1840: 346).

En diversas sesiones de las Cortes de Cádiz se discutieron asuntos atañentes al Señorío de Molina, uno de ellos la vigencia del pan de pecho, tras al menos seis siglos de tributación por parte del campesinado.

El monasterio de Buenafuente se sabe que seguía cobrando el pan de pecho en 1813, de hecho  Alustante seguía pagando 900 reales a este cenobio, lo que suponía aproximadamente unas 33 medias fanegas de grano en aquel momento. Pese a que el privilegio de las monjas de recibir 160 fanegas anuales de trigo y cebada es de nuevo confirmado por privilegio de Fernando VII en 1815, se observa de hecho en años posteriores el paulatino impago por parte de los pueblos de forma individual, es decir, ya no como parte del Común de la Tierra. Pese a ello, legalmente no se suprime el pago a Buenafuente hasta 1837 (Villar, 1994: 371-372).

Por último, en lo referente a la casa condal de Priego, parece ser que en este caso se observa una serie de derogaciones y reinstauraciones en función de los sucesivos cambios de régimen: las reformas constitucionales de 1812, la reacción absolutista de Fernando VII en 1814, la vuelta al constitucionalismo en el trienio liberal (1820-1823), y el nuevo regreso al absolutismo en la llamada Década Ominosa (1823-1833). Así pues, se encuentra una sucesión de derogaciones de este tributo al condado de Priego en 1814 y 1823; sin embargo, todavía en 1833 se da un contencioso entre el duque de Cazano, conde de Priego y príncipe de Montefalconi, grande de España, y a la sazón vecino de Nápoles, y el Común de la Tierra de Molina. En el proceso se descubre que el Común habría estado pagando al menos hasta 1830, siendo de nuevo Alustante el pueblo más cargado en este tributo, al menos en cuanto a lo pagado a Priego: 65 medias y seis cuartillos de trigo y otro tanto de cebada (10).

Fte.: Elaboración propia a partir de López, 1840: 346.

Todavía D. José López Juana, en su Biblioteca de la Hacienda de España (1840), señala que “en el Señorío de Molina se ha pagado y se paga aún en el día una contribución o tributo con el nombre de pan de pecho” (López, 1840: 346). Es posible que ya entonces este tributo estuviera a punto de extinguirse definitivamente, si es que no lo había hecho ya cuando fue publicada esta obra, pero muestra cómo todavía en pleno siglo XIX los labradores de los pueblos del Señorío no habrían olvidado este impuesto feudal que, hasta entonces –o poco antes-, había determinado su extracción social: aunque alguno de ellos hubiese prosperado económicamente sería casi imposible salir (aunque se dieron casos) de su condición de labrador.

La diferencia entre ser pechero o no pechero; que residía fundamentalmente en el nacimiento, en la sangre y, a veces, en la vecindad. Pagar el pan de pecho o no pagarlo había sido tanto como pertenecer a una raza u otra, y en hechos como este se basaron las luchas sociales de los siglos XIX y XX. Conocer la historia permite valorar los logros de aquellos que nos precedieron. Sin embargo, la mala noticia es que la historia no posee necesariamente un discurso lineal: nada se puede dar por sentado; las conquistas sociales de ayer nunca deben descuidarse, pues parece estar en la condición humana esgrimir tales o cuales excusas para justificar pretendidos poderíos de unos sobre otros, y siempre hay resquicios en el tiempo para imponer desigualdades y privilegios que se creían olvidados.

Notas:

(1) Archivo General de Simancas (AGS), Catastro de Ensenada (CE), Respuestas generales (RG), Lib. 99, fol. 30v.

(2) AGS, CE, RG, Lib. 98, fol. 320v

(3)  AGS, CE, RG, Lib. 98, fol. 748r

(4) AGS, CE, RG, Lib. 90, fol. 136v-137r

(5) AGS, CE, RG, Lib. 103, fol. 89r

(6) AGS, CE, RG, Lib. 99, fol. 47r. El coeficiente propuesto por el INE para la provincia de Cuenca, a la que pertenecía el Señorío de Molina, es de 3,869276 habitantes por vecino (Censo, 1993: II, 86).

(7) AGS, CE, RG, Lib. 100, fol. 303r.

(8) Diario de las Cortes Generales y Extraordinarias (26/06/1811) nº 267, p. 1335.

(9) Archivo de la Comunidad del Real Señorío de Molina (ACRSM), sign. 31.43.

(10) Archivo de la Chancillería de Valladolid (ACHV), Registro de ejecutorías, caja 3929, 124

Bibliografía:

ABÁNADES LÓPEZ, Claro. El Señorío de Molina. Volumen II. Sevilla: 2009.

Censo de Población de la Corona de Castilla “Marqués de la Ensenada” 1752. Voluen II. Madrid: Instituto Nacional de Estadística, 1993.

Diario de las Cortes Generales y Extraordinarias (26/06/1811) nº 267

LÓPEZ JUANA PINILLA, José. Biblioteca de Hacienda de España. Tomo I. Madrid: E. Aguado, 1840.

VILLAR ROMERO, María Teresa y VILLAR ROMERO, María del Carmen. Buenafuente, un monasterio del Císter (siglos XV-XIX). Silos: Abadía de Santo Domingo, 1994.

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