La ermita de San Roque

Hoy exactamente hace 419 años que se bendijo la ermita de San Roque. Da la casualidad de que nos encontramos en una situación, si no idéntica, sí muy parecida. Por aquellos años, entre 1598 y 1602 hubo una gran epidemia de peste en toda la Península. Previamente, en 1580, se habla del ‘gran catarro’ que afectó también a la comarca de Molina.

La ermita debió de ser la pequeña iglesia de un despoblado medieval. Muchos recordamos aquella tradición oral que dice que antes el pueblo estaba en San Roque y que sus vecinos, por falta de agua, decidieron trasladar el emplazamiento del lugar donde está actualmente. Es solo una tradición, pero merece seguir recordándose. Quizá nos está hablando de un desplazamiento poblacional de un lugar pequeño a otro mayor, preexistente, como ocurrió en la baja Edad Media en tantos otros sitios.

La ermita, como digo, pudo aprovechar parte de una construcción antigua, a la que en 1601 se le dio otro significado. La situación epidémica de la que nos habla ese letrero grabado en piedra:

«De peste el orbe llagado/ esta ermita edificamos/ i bvestra fiesta botamos/ Roque sed nuestro abogado. Phelipe Tercero y León, cvra. Anno Domini 1601, abril 13»

No es mi intención con este post inquietar, echar más leña al fuego. Todo lo contrario: valorar las enseñanzas de la Historia y, sobre todo, que las circunstancias, incluso las más dramáticas, tarde o temprano, acaban pasando.

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