La medida local del tiempo en Alustante (I). Las esferas de misa

Pasan casi inadvertidos pero, si uno se fija bien, allí están. En la parte derecha de la portada de la iglesia hay un conjunto de círculos, cinco en total, a los que cruzan varios radios y en su centro se halla una hendidura más o menos pronunciada. Podrán parecer meros adornos; quizá alguien que se ha entretenido trazándolos con un compás. Pero no. Aunque es imposible negar que también en el pasado había lugar para la distracción y el juego, con el tiempo uno se va acostumbrado a ver que, en según en qué momentos y sitios, muy pocas veces se daba puntada sin hilo.

Localización general de las esferas de misa de Alustante

Así, estos círculos pertenecen a una tipología de relojes de sol muy simple denominada esfera de misa. Su funcionamiento es muy sencillo: basta con poner en el centro de la esfera un pequeño palo, con la mano (1),  y la sombra que este proyecta indica la hora aproximada. Claro está que la posición del sol en cada época del año implicaría una desviación de la sombra sobre la esfera, lo que hipotéticamente explicaría la presencia de varias ellas en este lugar, cada una trazada de un modo.

Ejemplo de uso de las esferas de misa.

Javier Martín-Artajo y Jacinto del Buey estudiaron en 2004 estas esferas y obtuvieron algunas conclusiones interesantes que pasamos a resumir:

  1. Aunque su estado de conservación es bueno, pudieron servir en el pasado como dianas improvisadas para ensayar el tiro con algún tipo de arma con carga de plomos (2), lo que explicaría la cantidad de orificios que tiene la piedra.
  2. Si bien hoy se encuentran dispuestas en vertical, quizá en el pasado, en una iglesia anterior, pudieron estar en horizontal, ya que tenían que estar colocadas a la altura de una persona para ser utilizadas.
  3. Pudieron ser trazadas en épocas distintas, siendo la más antigua la más alta. (Martín y del Buey, 2004: 280-282).

Estas esferas aparecen muy a menudo en las iglesias medievales, con el fin de averiguar en qué momento hay que tocar las campanas para una u otra función, religiosa o civil. Aunque muy pocas veces se hacía distinción entre una u otra categoría, hoy claramente separadas. Conviene recordar que durante siglos el tiempo lo marcaban las horas canónicas (maitines, laudes, primas, tercias, sextas, nonas, vísperas y completas), los oficios divinos y los toques que invitaban a la piedad privada, los principales de ellos los tres toques del Ave María: mañana, medio día y atardecer  (Gómez, 1997: 53-56).

En todo caso, hay un pequeño matiz que no acaba de encajar en la hipótesis del reaprovechamiento de las piedras procedentes de una iglesia anterior. Por un lado, se trata de un conjunto de piedras de sillar que sintonizan perfectamente con la obra de la portada construida por los hermanos Pedro y Martín Vélez en 1540 (3). Por otro lado, la piedra, el material con el que están fabricados tanto la portada como los relojes de sol es la misma; por el momento toda una incógnita histórica, pues se desconoce de qué cantera se trajo ese tipo de piedra caliza, blanda y por ello fácil de trabajar (4). Por esta razón, cabe la posibilidad de que el uso de estas esferas se hiciera mediante algún tipo de escalera.

La una solar en la torre de la iglesia, según la tradición popular.

Sea como fuere, la conservación de estos elementos muestran cómo se medía el transcurso del tiempo en el pasado. Aunque no era ni mucho menos el único método. Así, cuando, en verano, durante la trilla, comenzaba a generar sombra uno de los estribos de la torre de la iglesia se entendía que era la una de la tarde solar. La hora de comer. Por la noche, existía todo un horario marcado por el movimiento de la Tierra con respeto al cielo estrellado, del que hablaremos en otra ocasión, si es posible. Todo con el fin, como decimos, de mensurar una dimensión tan escurridiza como es el Tiempo.

Notas:

  • El palo, vara, o como se quiera llamar, de los relojes de sol se denomina gnomon. Suele ser un elemento fijado a la pared o al suelo donde se halla el reloj. Sin embargo en este caso se trata de un objeto movible. Una simple ramilla cogida del suelo podría valer, dado lo grosero de la medida.  
  • Hay que recordar que la iglesia de Alustante fue utilizada por el ejército Isabelino como fortín durante la primera guerra carlista. Quizá estos disparos podrían datar de aquella época. (Esteban, 1990: 6)
  • Archivo Parroquial de Alustante, Fábrica, 12.1., 91r.
  • Junto al cantero local, Félix Martínez, perfecto conocedor delas canteras de la zona, ha sido imposible localizar la cantera que no solo sirvió para construcción de la portada de la iglesia sino también del caracol.

Bibliografía:

Esteban Lorente, Juan Carlos “El castillo de Alustante” en Flores y Abejas (18/07/1990), p. 6.

Gómez Pellón, Eloy. “El tañido del tiempo” en Las campanas: Cultura de un sonido milenario. Santander: Fundación Marcelino Botín, 1997, pp. 41-65.

Martín-Artajo G., Javier y Buey Pérez, Jacinto del. Relojes de sol de Guadalajara. Recorrido gnómico por la provincia. Guadalajara: Diputación provincial, 2004.

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